Florentino Durán
Higüey, La Altagracia, RD

De diferentes lugares y edades, 32 enajenados mentales, a quienes les faltan ropas, utensilios, alimentos adecuados, seguimiento médico a sus padecimientos y solidaridad de sus familiares y el gobierno, se encuentran en un hogar en las afueras de Higüey.

El grupo está compuesto por 18 hombres y 14 mujeres, quienes están internos en un local, ubicado a 4 kilómetros a las afueras de la ciudad en la comunidad de Matachalupe.

Solo acercarse es un verdadero drama. El área de los hombres está apartada de las mujeres, quienes reciben baño y alimentos de forma separada. Mercedes lleva un año y ocho meses dándole atenciones en el lugar, y siente el compromiso de atenderlos adecuadamente. “Nosotros los cuidamos y les tenemos amor”, dijo.

A ella le corresponde prepararles los alimentos, bañar las mujeres y prestarles atención, lo cual comparte con Brown, un haitiano a quien le corresponde bañar los hombres en horas de la mañana. El lugar al que llegamos de forma sorpresiva, no se observa sucio, ni maloliente, a pesar de la cantidad de pacientes, algunos de los cuales se pasean desnudos.

Las camas son muros de cemento que parecen bóvedas sin cruces, y tan pronto ellos se percatan de la presencia de personas, se acercan a los barrotes a pedir ayuda y a llamar la atención. Algunos de ellos son jóvenes y de buen aspecto, aunque hablan de forma incoherente.

Uno de ellos se las pasa narrando la lotería, al estilo de los sorteos que se divulgaban en la radio anteriormente.

La necesidad es obvia en el lugar, donde algunos de los enfermos, fueron recogidos de las calles y pasan de diez años en el lugar. Necesitan alimentos adecuados, atención médica, utensilios, seguimiento a sus padecimientos y, quizás, algún contacto con sus familiares que parecen haberlos abandonado.

Valentín Severino, alias Chichito, lleva más de 12 años atendiendo el lugar, tiene 36 años en la zona conocida como Santa Clara. El Centro de Atención Emaús, requiere mucha atención y las ayudas que reciben son mínimas.

Higüey muestra una de las cifras más altas de mendigos y personas enajenadas en las calles, por las acciones humanitarias de quienes visitan las inmediaciones de la basílica Nuestra Señora de La Altagracia, donde se realizan promesas, clamores, donaciones y pedidos por salud, éxito, superación, en nombre y en honor de la Virgen de la Altagracia.

Esa situación y el cierre del manicomio, que operó en el kilómetro 28 de la carretera Duarte, dieron origen a que algunas personas se interesaran en frenar o recoger la gran cantidad de enfermos mentales que deambulan por las calles de Higüey y otras ciudades cercanas, parte de las razones que han dado orígen a este centro.

Sin embargo, las necesidades y falta de ayuda es evidente, en lo que debía ser una obra asistida por el Ministerio de Salud, dotar de atenciones psicológicas a los pacientes, contar con expedientes y seguimiento para atender sus problemas y que fluya la ayuda para atender este drama, que resulta deprimente a pesar de que quienes lo atienden, es evidente que hacen su obra con mucho amor.