Adam Sandler despierta amores desenfrenados, fanatismo, pero también molestia.

Su cine de comedia, el que le vende a Netflix desde hace algunos años, que no le gusta a nadie pero todo el mundo mira, siempre es cuestionado.

El hombre hace su negocio, explota su perfil más criticado y cada tanto se destaca en un papel dramático, no para demostrarle nada a nadie, sino porque le gusta.

En Garra hace lo segundo y, encima, lo mezcla con una de sus pasiones: el básquet.

Es producida por LeBron James en asociación con la productora de Sandler, Happy Madison, y ambos lograron este buen drama deportivo que responde a los requerimientos del género sin salirse demasiado del guion, pero que ejecutan con gran pericia.

Sin embargo, tiene dos piezas fundamentales que la hacen mejor que otras similares: Adam Sandler en un gran nivel y muchas caras de la NBA (jugadores, técnicos, etc.) para darle más credibilidad a la historia.

Sandler tiene dos facetas claras: la comedia absurda y el drama profundo con personajes rotos, desbordados o apasionados.

Hasta la fecha sus mejores interpretaciones en el drama fueron Embriagado de amor y Diamante en bruto, pero en la comedia tiene una enorme carrera con títulos que quedaron en la memoria de todos: Happy Gilmore, Un papá genial, Como si fuese la primera vez y tantas otras.

Sin embargo, el actor es muy bien recordado cuando decide salir de su posición regular como actor de comedia y apostar a una interpretación más arriesgada en el drama. Aquí lo logra con mucho oficio sin perder gracia.

En este film dirigido por Jeremiah Zagar (We the Animals), un realizador que viene de los documentales, Sandler interpreta a Stanley Sugerman, un cazatalentos que viaja por todo el mundo tratando de encontrar la próxima estrella de la NBA.

Su trabajo lo obligó a perderse nueve cumpleaños de su hija, pero lo llevó a ser una pieza indispensable de los Philadelphia 76ers, equipo presidido por el personaje de Robert Duvall.

Luego de una reunión para definir la incorporación de un nuevo jugador y que lo enfrentó al personaje de Ben Foster, hijo del dueño del equipo, parece que Stanley finalmente logrará quedarse con un lugar en el cuerpo técnico del equipo, una decisión tomada por el presidente de la franquicia que, de alguna manera, lo pondría de nuevo en la cancha luego de un retiro forzado del básquet profesional. Pero tres meses después, el interpretado por Duvall muere y Stanley deberá volver a los hoteles 5 estrellas para encontrar la nueva figura del equipo.

En su primer viaje conoce a Bo Cruz (Juancho Hernan Gómez, jugador profesional que se desempeña en los Utah Jazz), un español de 22 años que tiene como principal virtud la defensa y que apuesta en partidos callejeros.

Con un futuro prometedor dentro del básquet profesional, Stanley hará todo para que se convierta en nuevo jugador de los 76ers.

Aquí comienza lo mejor de la película: la llegada del jugador español a Estados Unidos, las primeras complicaciones con sus documentos, la vieja riña de Stanley con el ahora dueño del club y toda la parte de entrenamiento del jugador para demostrar que está en condiciones para ingresar a la mejor liga de básquet del mundo.

El contexto es inmejorable para lo que sigue: Filadelfia, entrenamiento en las calles, ser considerado un jugador menor para entrar en la élite del deporte, etc., son elementos que inmediatamente te llevan a las películas de Rocky, pero también más acá en el tiempo a Creed como el heredero natural.

Mucho estilo en su montaje y banda sonora, imposible no sentirse en un comercial de Nike, Jordan o incluso de la propia NBA, pero sin perder el drama con una base sólida que se sostiene con la actuación de Adam Sandler. Guiños y figuras destacadas son la delicia para los que gustan del deporte en la vida real.

Predecible por momentos, pero casi sin fisuras, Garra es un excelente drama deportivo que cuenta con el apoyo de toda la NBA, lo que la hace suficientemente creíble en cuanto a procedimientos y mejor aún cuando se convierte en un desfile de figuras de ayer y hoy.

Cabe destacar que aquí LeBron James vuelve a apostar a llevar el básquet a la ficción luego de la experiencia no grata de Space Jam: A New Legacy.

Sin embargo, la mejor virtud de la película son esos momentos de intimidad que logran los dos protagonistas.

La relación maestro y discípulo que se construye, que les da una nueva chance a los dos dentro del deporte, pero también a sanar viejas heridas personales y ausencias pesadas. Una excelente oportunidad para volver a esos dramas deportivos que emocionan, pero con toda la clase de un actor como Adam Sandler.