Uno de los principales argumentos de la gente para no ahorrar es el de que el dinero no le alcanza. Sin embargo, está demostrado que, aun con reducidos ingresos, es posible reservar una parte, aunque sea mínima, para el ahorro.

La realidad es que el principal obstáculo es la poca disciplina o fuerza de voluntad. Para ahorrar es preciso ser determinado y tomarse ese objetivo en serio, independientemente de que sea mucho o poco lo que vaya a guardar.

Hay otros aspectos, como el hecho de que si va a ahorrar debe ponerle un propósito, es decir, determinar para qué está guardando ese dinerito (inicial de una vivienda, compra de un vehículo, un electrodoméstico, un plan de retiro particular, vacaciones, etcétera).

También debe tomar en cuenta que el ahorro va primer que los gastos. Por ejemplo, si usted gana 20,000 pesos mensuales y decide ahorrar 2,000 pesos; al momento de cobrar, debe guardar primero los 2,000 pesos y hacer de cuenta que su salario es de 18,000 pesos, con los que va a realizar sus gastos cotidianos. Siempre guarde el dinero del ahorro primero y luego, con lo demás, resuelva sus gastos.

Hay personas que adquieren esa disciplina y comienzan a acumular un buen ahorro, pero enfrentan situaciones que se presentan cuando se alcanza ese logro. Se trata de la necesaria discreción y fuerza de voluntad para poder conservar y rendir ese ahorro.

María es el nombre ficticio de una joven con cuatro hermanos (tres varones y una hembra). Ella es soltera, se graduó de ingeniera industrial y trabaja en una zona franca con un sueldo de 35,000 pesos mensuales. Además, comenzó a vender ropa de “pacas” y ahorró un buen dinero.

Cuando tenía poco más de 700,000 ahorrados, cometió el error de decirle a su hermana que tenía ese dinero guardado. Su hermana lo hizo saber a la familia y de inmediato comenzaron a surgir los problemas y las necesidades.

La propia hermana le dijo que tenía una deuda impagable, de un préstamo que tomó para que su marido comprara un carro que luego se lo chocaron y no tenía seguro. La madre le pidió dinero para uno de sus hermanos que está desempleado, tiene dos hijos y quería poner un “negocito”, que finalmente quebró y el dinero se perdió.

Con esos y otros problemas, María terminó cediendo su ahorro a la familia y el dinero se disolvió. Ahora, paradójicamente, ocurre que su familia, a la que cedió su ahorro para resolverle problemas, ya no la busca y se han disgustado con ella porque les reclamó el hecho de que nunca le pagaron.

Pero además, María se ha dado cuenta de que, una vez agotados todos sus ahorros, de repente, en su familia nadie aparece con problemas para pedirle dinero. ¿Se acabaron los problemas? No. Lo que pasa es que la familia sabe que a ella “se le acabaron los cuartos”.

Como a María, eso le pasa a muchas personas, especialmente las mujeres que se esfuerzan por superarse, terminan su carrera, trabajan y dejan para después el matrimonio y los hijos en procura de “echar hacia delante”, pero encuentran el obstáculo de que los demás familiares comienzan a pedirle del dinero que ha acumulado con el gran esfuerzo que sus demás hermanos, primos o amigos no hicieron.

Entonces, ahí está la segunda parte mi consejo para un ahorro exitoso.

Una vez usted haya adquirido fuerza de voluntad y disciplina para ahorrar, “nunca”, lea bien: “nunca” le diga a nadie cuánto usted tiene ahorrado y mucho menos a la familia o amigos de confianza. Siempre diga que usted tiene un préstamo que está pagando y que en eso se le va el sueldo, o que su ahorro, sin decir el monto, está en un certificado que vence dentro de tres años y que no puede moverlo antes, porque le ponen penalidad o que lo que usted tiene ahorrado es poco.

Como último consejo: “nunca”, lea bien: “nunca” abra una cuenta de ahorro en conjunto con un novio o novia, ni diga sus claves de acceso a su dinero. El ahorro es individual. Recuerde siembre lo siguiente: “Amor no quita conocimiento”.