Jaclin Campos
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Santo Domingo, RD

Elisa no sabe a ciencia cierta cuál de los miembros de su familia, compuesta por ella, su esposo y sus tres hijos de 10, 9 y 8 años, se contagió primero con el virus que causa la covid-19; pero los cinco cayeron enfermos casi al mismo tiempo.

De sus tres pequeños, fue la mayor la que mostró los primeros síntomas. “Una tarde sintió, de repente, dificultad para respirar; al día siguiente, dolor de cabeza, dolor de estómago y pérdida de olfato”, recuerda la joven madre.

Las alarmas saltaron cuando el más pequeño presentó un dolor repentino en la vesícula, vomitó la bilis y se puso pálido.

“Su gastroenteróloga me había dicho que, si a él le daba el virus, le daría con dolor en la vesícula porque ese órgano, al igual que otros, es un simulador. Ahí fue que solicité la prueba y al otro día todos salimos positivos al covid”, narra.

La familia se puso en manos de un neumólogo y comenzó a medicarse de inmediato. A los fármacos prescritos por el médico, se añadieron la ingesta abundante de bebidas calientes como chocolate, té y caldos, y siestas vespertinas para mantenerse siempre descansados.

A raíz del diagnóstico, la dinámica dentro del hogar cambió, especialmente para Elisa, quien hizo lo posible por no alarmar a los niños y tuvo que cuidar de todos en casa a pesar de encontrarse, al igual que ellos, infectada con el SARS-CoV-2.

“Yo cuidaba de todos”, cuenta. “Los niños tomaban sus medicamentos a sus horas. Me ocupaba de la limpieza de la casa, aun con mis achaques, y de que reposaran más de lo normal”.

A su esposo el virus no solo lo afectó en lo físico, sino también en el aspecto emocional: comenzó a sufrir ansiedad, a tomar a diario y rechazó la medicación.

“La situación familiar se tornó un desastre”, asegura Elisa.

CAMBIO EN LA DINÁMICA

Los pacientes con covid-19 que permanecen en su hogar son, por lo general, aquellos con malestar mínimo o síntomas leves, expone la infectóloga Carmen Sarah Mota.

Debido a ello, estos pacientes podrían cuidarse entre sí cuando conviven bajo un mismo techo y se infectan al mismo tiempo. No necesitarían, explica la doctora, más vigilancia que el seguimiento a la evolución de los síntomas, al horario de las comidas, la medicación y la hidratación.

No obstante, las familias con varios miembros infectados por coronavirus experimentan una alteración en su rutina. Y afrontan un gran reto.

La dificultad mayor, según Mota, radica en las limitaciones de espacio, pues el hacinamiento en que viven muchas familias no les permite aislar apropiadamente a un enfermo, mucho menos a más de uno.

El desafío aumenta cuando hay niños —sean los infectados ellos o sus padres—, ya que los menores dependen de los adultos y deben mantener una relación estrecha.

RELACIÓN CON VECINOS Y PARIENTES

Con una parte de la familia —o toda, como la de Elisa— afectada, la interacción con el mundo exterior se complica.

¿Quién hace las diligencias? ¿Quién compra los alimentos? En casa de Elisa lo resolvieron gracias a los pedidos a domicilio y al auxilio de sus parientes.

“Pedíamos delivery, y le hacíamos la salvedad de que teníamos covid y que tenían que desinfectarse inmediatamente después de algún posible contacto con nosotros”, señala.

La atención de sus parientes, en tanto, no se limitaba a dar seguimiento a su estado de salud y prepararles remedios caseros. De gran importancia resultó la ayuda económica que les prestaron.

“Los medicamentos para tantas personas no salen baratos”, afirma Elisa.

La infectóloga Carmen Sarah Mota recomienda no visitar a la familia afectada. Tanto vecinos como parientes, dice, pueden expresar su solidaridad por vía telefónica o digital.

Las ayudas también se coordinan por esas vías; basta con ponerse de acuerdo de antemano y dejar los paquetes en la puerta de la casa evitando el contacto cercano.

“No es necesaria la desinfección ‘violenta’ de la compra, porque se ha comprobado que lo que evita la infección es el lavado de manos y el no tocarse ojos, boca y nariz”, aclara Mota.

A pesar de lo agotador de enfermar todos en una misma temporada, Elisa ve el lado positivo de la situación por la que atravesaron en su hogar: “Cuando retornáramos a nuestras labores no lo haríamos con temor de que volviera a enfermarse alguien”.