Excúseme, pe­ro… ¿quién es usted?”, “Le pre­gunto porque he observado que viene usted a misa todos los días y también me parece haberlo visto en televisión’’

“Yo soy (me dijo su nom­bre) y soy diputado. Debe ser por eso que me ha visto usted en TV.’’

“Y usted, siendo diputa­do, viene a misa ¿Por qué?’’

“Porque antes de diputa­do, yo soy cristiano, y vengo a diario a recibir sus orien­taciones, a alimentarme con la comunión, y a pedir­le la bendición.’’

“¡Qué bien! Pues cuente con que en adelante oraré por usted”

“Muchas gracias, yo ne­cesito eso’’ me dijo cortés­mente.

Me recordé de esto cuando alguien me dijo: “Todos los políticos son unos ladrones”

“Pues mira” – le respondí – “yo conozco a uno que no lo es, así que decir “todos” es un error”

Yo soy un dominicano y estoy orgulloso de serlo ¿Por qué? Empecemos por Juan Pablo Duarte, padre de nues­tra patria. No he oído de nin­gún otro país que pueda de­cir, como nosotros que tienen a un santo como su funda­dor, como su libertador.

Pero no nos detengamos ahí, conozco a muchos líde­res, empresarios, médicos y hombres públicos que han dedicado su vida a ayudar a muchas personas pobres dándoles empleos justa­mente remunerados, pres­tando servicios a muchos miles de personas sin abu­sar en absoluto de su privi­legiada posición, sino por el contrario, entregando su tiempo y dinero para es­tar amorosamente unido a aquellos.

Ellos no publican lo que hacen, no están buscan­do aplausos ni honores, si­no que están movidos inte­riormente por su Maestro y Líder Jesucristo. Están ha­ciendo cosas “con su mano derecha, sin que su izquier­da lo sepa” (ojo Alfonso)

Nosotros como algunos perros, nos estamos mor­diendo nuestra propia cola, comiéndonos a nosotros mis­ mos cada vez que criticamos y publicamos errores, abu­sos y ladrones desde el poder (que los hay), sin tener en cuenta a la inmensa mayoría quienes son gente buena de corazón, serviciales, amables y humildes, tengan o no títu­los universitarios o mucho o poco dinero

LA PREGUNTA DE HOY

¿Debemos pagar impuestos o no?

Al Señor le hicieron es­ta pregunta, y Él, habiéndo­le sido mostrada una mone­da con la imagen del César, respondió: “Pues den al Cé­sar lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”

Usted me dirá: “¿Para qué pagar impuestos? ¿Pa­ra qué lo roben los políti­cos…?” Si algunos están robando eso es problema suyo, y “cada uno será juz­gado según sus actos”.

Nosotros, los que segui­mos a Jesucristo como nues­tro único Señor, no podemos depender de lo que hagan otros, sino seguir a nuestro Maestro, y allá ellos.