Rubén Peralta Rigaud
Santo Domingo, RD

Clint Eastwood se ha ganado el derecho a hacer lo que le dé la gana, y está claro que la Warner Bros está dispuesta a apostar por él para que le proporcione al estudio un par de nominaciones al Oscar de vez en cuando. Así que aquí está «Cry Macho», la nueva película del actor y director Eastwood.

A sus 91 años, Eastwood, ganador de cuatro premios de la Academia, no muestra ningún signo de desaceleración o de abandono de su silla de director.

«Cry Macho» es una adaptación de una novela de 1975 del guionista N. Richard Nash, también es un western ambientado en 1979 y centrado en Mike Milo (Eastwood), una estrella del rodeo y criador de caballos que abandona su retiro para hacer un encargo especial -y difícil- de su antiguo jefe, Howard Polk (Dwight Yoakam).

La misión de Mike es cruzar la frontera y viajar a Ciudad de México para recuperar al hijo de Polk, Rafo (Eduardo Minett), de 13 años, que ha huido de su madre y vive en la calle.

Tras cruzar la frontera, Mike localiza a la adinerada madre de Rafo (Fernanda Urrejola), que describe a su hijo como salvaje y le revela que se ha metido en peleas de gallos. Con esta nueva información, Mike consigue localizar a Rafo en una de estas peleas.

El papel se encuentra en la zona de confort de Eastwood como actor: puede montar a caballo (lentamente) y dar un par de puñetazos, y seguir proyectando la competencia que siempre le ha caracterizado.

Desde Bronco Billy -que se estrenó en 1980, el año en que tiene lugar la mayor parte de Cry Macho-, Eastwood ha estado explorando la idea de los hombres hábiles que tienen algo que ofrecer, incluso cuando la sociedad piensa que no lo tienen, hasta se podría argumentar que Sully y Richard Jewell tocan estos temas, y La mula definitivamente lo hizo.

En este caso, el director se centra en el tema: Mike Milo puede tener un aspecto infernal, pero aún puede domar caballos, encontrar niños desaparecidos y cuidar de los animales mejor que nadie a su alrededor. Ver a Eastwood en este papel -caminando ligeramente encorvado, con la voz más áspera que de costumbre, con un aspecto casi frágil en algunas tomas- se siente como un canto del cisne, aunque tenga toda la intención de continuar, y hace que Cry Macho parezca mucho más importante de lo que realmente es.

Encantadora, aunque a veces lenta, Cry Macho es un neo western sencillo y directo con una impresionante fotografía y una actuación reservada muy eficaz de Clint Eastwood. Es la visión, el control y el manejo del director sobre la trama sin complicaciones y de los personajes de la película lo que hace que el viaje sea agradable.

La dirección de Eastwood y la fotografía de la película funcionan, pero dista mucho del mejor trabajo del legendario director; es importante resaltar que capta la impresionante belleza y el carácter rural del paisaje mexicano y la sensación de los tranquilos pueblos fronterizos del desierto.

El mayor punto débil de la película es la actuación de Eduardo Minett en el papel de Rafo, que a menudo resulta forzada y escenificada.

Minett tiene unas cuantas escenas en las que pronuncia breves discursos a Mike sobre su filosofía de vida debido a que vive en la calle, así como sobre lo importante que es ser macho o duro. Es en estas escenas donde Minett no consigue transmitir ninguna emoción real. Incluso parece que le cuesta recordar sus líneas.

Aparte de este error de casting, Cry Macho, de Warner Bros. Pictures, es un conmovedor y delicioso western llevado a la pantalla por un hombre que conoce el género.

Es interesante que esta historia haya existido durante unos cincuenta años y que una vez se considerara un proyecto para Arnold Schwarzenegger y Roy Scheider.

Eastwood rechazó la película originalmente en la década de los ochenta, creyendo que era demasiado joven para representar a Mike Milo.

Como la historia se altera específicamente en función de los años que va cumpliendo Eastwood, cualquier sensación de conflicto queda igualmente paliada; lo que debería haber sido una peligrosa travesía por tierras hostiles es mucho más un paseo casual por pueblos acogedores.

La despreocupación y la narración abierta resultan molestas, mientras que la falta de aventura es ensordecedora.

En un momento dado, Mike se echa una siesta y se despierta con el canto del gallo Macho, que se pasea como si algo fuera siniestro. En cambio, no ha ocurrido nada en absoluto.

Al final, la película parece un proyecto realizado por Eastwood únicamente para sumergirse en las cosas que le apasionan, como los tranquilos entornos desérticos y la equitación.

Si estas actividades tranquilas y sin incidentes (incluyendo la preparación de comidas y el cuidado de los animales de la granja) -que rara vez suponen algo más que breves episodios de genialidad- entretienen al público, eso es algo muy secundario, y nada vital para el nonagenario cineasta.