Los Gigantes cumplen con los pronósticos y llegaron a la última pausa a ley de un empujón (que lo pueden dar ellos o dárselo) para sellar su boleta a la final. No estaba tan claro que las Estrellas fuera el otro equipo en la ruta, pero el tamo final del todos contra todos deja el escenario abierto para reeditar la final 2015.

Las novenas macorisanas, los “mercados pequeños” del round robin, pueden poner contra las cuerdas este viernes a los históricos Águilas y Licey cuando el playoffs arranque su última fase en los estadios Julián Javier y Tetelo Vargas.

Restando cinco fechas (de ser necesarias), una victoria nordestana ante los Tigres les asegura un empate en la final. Si además de ese resultado los verdes derrotan a los amarillos, entonces los cacaotaleros certificarían su pase y los Serie 23 tocarían las puertas con tres juegos de ventaja a falta de cuatro jornadas.

Para azules y amarillos, a dos partidos del segundo lugar, ganar y esperar es la única opción que puede mantener prendida sus velas en medio de una postemporada donde ha sido imposible encontrar regularidad, con el COVID-19 zarandeando.

Desde que el round robin se juega a 18 partidos (1989-90) solo en cuatro ocasiones de las 30 disputadas un equipo ha avanzado a la final con nueve victorias.

La tropa nordestana, que en el sorteo de reingreso fortaleció con lanzadores el núcleo que le permitió cerrar a todo tren y ganar la fase regular, ha sido el equipo más regular desde principio de diciembre y no ha habido fiestas de Navidad, Año Nuevo, Reyes o una prolongada pausa que desenfoque a los dirigidos por Luis Urueta.

Los Gigantes han aprovechado como nadie su casa. No solo marchan con 6-0, allí han sobreanotado por 20 carreras a los rivales (38-18) y han bateado cinco cuadrangulares.

El cubano Henry Urrutia ha llevado la voz cantante con el madero. Batea para .432, tiene nueve remolcadas, ha disparado tres jonrones y batea para .636 (11-7) con hombres en posición de anotar. Y su relevo ha estado a la altura (tiene 21 holds), con Juan Minaya (4 salvados) a la cabeza.

Reacción verde

Con 3-6 el pasado viernes cuando se había disputado la mitad del calendario, los paquidermos sacaron los dientes y no han perdido en sus últimos cuatro choques.

El equipo que de forma interina dirige Pedro López tiene una punta de la alienación temible y caliente en los petromacorisanos Gustavo Núñez, Junior Lake, Robinson Canó y Yamaico Navarro.

Canó ha remolcado 11 vueltas y Núñez nueve para el equipo que más veces ha pisado la goma (61).

En problemas

Mientras Estrellas ya supera las 60 anotaciones y los Gigantes llegan a 53 los Tigres solo han llegado al plato en 38 ocasiones el más bajo del cuarteto. Es el azul el conjunto con el promedio colectivo de bateo menor (.211) cuando la media de la liga va por .253.

Los bates añiles ya superan el centenar de ponches y es el equipo que menos se embasa (.308) si bien es segundo en boletos (60), síntoma de la pobre capitalización de las oportunidades de anotar.

El elenco de José Offerman tampoco encuentra consuelo en el relevo. Su bullpen solo ha mantenido una ventaja (hold), lo que estropea el buen trabajo del  pitcheo abridor que lo mantuvo en la pelea, pero tiene en baja a su principal hombre (César Valdez) en protocolo COVID-19.

¿Nuevo campeón?

El campeón corre peligro de no repetir. Rachas de tres y cuatro derrotas en los primeros 13 encuentros tiene a la novena de Félix Fermín al borde del abismo. Es el equipo que más partidos ha definido por una carrera (6) y tiene marca de 2-4 en ese escenario, su defensa ha cometido 17 errores (las Estrellas solo cinco) y su pitcheo es al que la oposición le batea más alto (.271).

A las cuyayas también le ha fallado el bateo situacional. Apenas promedian .227 con hombres en posición de anotar (el más bajo, los Gigantes llegan a .286).