Sin lugar a dudas, la película más famosa en la filmografía de Vicente Fernández es ‘La Ley del Monte’, dirigida por Alberto Mariscal y basada en la canción que él convirtió en un himno, estrenada en 1975.

En este éxito de taquilla, compartía créditos con la hermosa actriz peruana radicada en México, Patricia Aspíllaga, quien se convirtió en una estrella y cuya belleza dejó honda huella, según cuenta la leyenda que crece en torno al Charro de Huentitán, en el cine y también en él, que no pudo evitar prendarse de ella.

Patricia Isabel Aspíllaga nació en la provincia de Chiclayo, Perú, el 30 de marzo de 1948 (algunas fuentes citan 1946), y creció en el distrito de San Isidro en Lima, parte de una familia de clase alta. Educada de manera exquisita por su madre, Patricia se graduó en el exclusivo Colegio Villa María y a los 18 años, contra la voluntad de su familia, se trasladó a París a estudiar teatro en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático y expresión corporal en L’École des Theâtre de l’Odeon, con el célebre mimo Marcel Marceau.

A su regreso en 1968, protagonizó la película ‘El embajador y yo’, junto al famoso comediante Kiko Ledgard y Saby Kamalich. El mismo año, actuó junto a los mexicanos Mauricio Garcés, Gloria Marín y Antonio Badú, en la comedia ‘Bromas, S.A.’, que se estrenó por toda Latinoamérica, y en ella cantó una canción de Armando Manzanero (“Esta tarde vi llover”).

En 1969, cuando se inauguró la TV a color en Perú, se realizó un especial de Panamericana Televisión, titulado ‘Me llamo Patricia’, que sirvió como antesala a ‘Mentira sentimental’, telenovela a color (la primera en el país andino) que protagonizaría al lado de Ricardo Blume. Otras telenovelas que hizo en plan protagónico fueron ‘Ayúdame tú’, ‘Todo por ella’ y ‘La Prisionera’.

Se trasladó a México en 1970, invitada por Mauricio Garcés, a participar en ‘Modisto de señoras’. Al año siguiente protagonizaría, junto a Antonio Aguilar y Ernesto Gómez Cruz ‘Emiliano Zapata’, película de Felipe Cazals, que le dio enorme popularidad. A estas seguirían películas como ‘Siete Evas para un Adán’, con Julio Alemán y Zulma Faiad, ‘Río salvaje’ un western otra vez junto a Julio Alemán, y el thriller ‘La bestia acorralada’, junto a Claudio Brook y Lucy Gallardo.

En 1975, protagonizó ‘La ley del monte’, al lado de Vicente Fernández, y sin que ella lo imaginara, este fue el rodaje más difícil de su carrera como actriz. Según relataría Diana Aspíllaga de Bordenave, la hermana de Patricia, al Magazine de El Comercio en Lima, ella fue elegida personalmente por Fernández que la había visto en la película ‘Y la mujer hizo al hombre’, que dirigió Alejandro Galindo y había quedado prendado de su belleza.

Fue tal la impresión que tuvo Fernández de la belleza de la actriz – que realmente era hermosa: 1.80 de estatura, larga cabellera oscura y enormes ojos de mirada penetrante— en pantalla, que le exigió al productor Gregorio Walerstein que la contratara a cualquier precio, para llevar el papel de Soledad Herrera, el coprotagónico de la película (originalmente, el papel lo iba a interpretar Claudia Islas, quien se sintió muy ofendida y fue compensada en su totalidad por Vicente, que era coproductor de la película, para contratar a la actriz que era su capricho). Walerstein y Mariscal cedieron y Patricia se incorporó a la filmación, pero no se imaginaba en la que se metía.

El rechazo que el Charro de Huentitán no supo aceptar

El rodaje fue sumamente incómodo para Patricia, quien ya para entonces estaba comprometida y vivía parte del tiempo con el millonario empresario Arturo Ornelas en Monterrey. Según cuenta la historia, Vicente, que tenía fama de coqueto y mujeriego pese a estar casado, comenzó a tratar de conquistarla y a hacerle insinuaciones desde los ensayos, buscando siempre pretextos para aparecerse en su camerino, por lo que Patricia siempre pedía a la actriz Elsa Cárdenas que la acompañara a todas horas.

Patricia había intentado todo para hacer a Vicente entender que no deseaba nada más que una relación profesional, que estaba comprometida y sobre todo, muy enamorada, del hombre con quien iba a casarse, pero Chente insistía en ‘una amistad’ con ella. Patricia trató de romper su contrato, pero Walerstein le advirtió que esto acabaría con su carrera, y según cuenta la hermana de Aspíllaga, ésta no quiso que Ornelas, su prometido, se enterara de la situación, por miedo a que escalara a algo peor.

Aunque Fernández la cortejaba, también fue cierto que éste nunca pasó los límites del respeto más que de manera hipotética. Sin embargo, su enamoramiento de la actriz sí era muy notable y sobre todo molesto, en una época en la que su esposa Cuquita se sentía insegura y temía que peligrara su matrimonio.

Celosa de la Aspíllaga, aunque esta siempre fue amable con ella, haciendo hincapié en tratarla bien, como una manera de establecer una cordial distancia con Chente, Cuquita se creyó los rumores (que biógrafos, como la argentina Olga Wornat señalan pudieron ser echados a andar por el propio Vicente, para masajear su ego herido por el desaire de ser rechazado) acerca de una posible aventurilla entre ambos y para sorpresa de todos, la confrontó en un descanso del rodaje en locación, donde se apersonó.

Patricia, con mucha clase, invitó a Cuca a su camerino, y ahí, con su vestuarista como testigo, le afirmó que ella de ninguna manera pretendía ser una amenaza para su matrimonio y su vida familiar, mas que si sentía que algo había mal en su vida doméstica, era mejor que hablara de esto con su marido. Cuentan que una vez aclarado el tema, Cuquita se arrepintió por haber hecho reclamos sin conocerla realmente, y tuvo un serio altercado con Vicente, que se enojó mucho con ella y con la Aspíllaga y no volvió a dirigirle la palabra durante el resto del rodaje, algo que fue un gran alivio para la peruana.

En 1978, la actriz se fue a Hollywood a rodar ‘Los hijos de Sánchez’, junto a Anthony Quinn, Dolores del Río, Lucía Méndez, Katy Jurado y Lupita Ferrer. Y poco después se retiró del medio artístico para “dedicarse a su familia”, ya que en 1977 se había casado en la Iglesia de San Pedro, Lima, con Ornelas, utilizando un vestido diseñado por Óscar de la Renta.

Cuatro años después, el martes 26 de mayo de 1981, sufrió un accidente aéreo, junto a su esposo cerca de Monterrey. Arturo Ornelas falleció en el lugar (tenía 40 años), ella fue llevada a la Clínica de Especialidades del Hospital General en Monterrey.

Su padre, quien inmediatamente viajó a México, decidió trasladarla al Methodist Hospital de Houston en Texas. Patricia permaneció cuatro meses en estado de coma, y al volver en sí, había perdido el uso de sus piernas, lo que supuso el fin de su carrera, mientras que el hijo que esperaba, en el cuarto mes de gestación y que cimentaría la felicidad de ella y de su marido, se malogró en su vientre. Según las fuentes de la Wornat, la espeluznante tragedia de Patricia Aspíllaga no debió pasar indiferente en Los Tres Potrillos, ya que aún si se había enojado con ella, Chente seguía considerándola una gran belleza.

Patricia falleció a consecuencia de un paro respiratorio en la residencia de su hermana Diana, en Lima, en el elegante barrio de San Isidro (donde pasó su infancia y adolescencia) el 9 de agosto de 2003, donde había estado confinada desde la muerte de sus padres, unos años antes, y sin haber sido vista en más de 20 años por ningún miembro de la prensa.

A su concurrido funeral, en la catedral de Lima, Vicente Fernández, que no había tenido contacto con ella en más de 35 años, hizo llegar un arreglo de flores, acompañado solo por su tarjeta personal, sin mensaje alguno, a manera de despedida.