Hay cosas de nuestro cuerpo que simplemente no podemos evitar, como, por ejemplo, sudar. Aunque esto nos resulte desagradable, la realidad es que tiene una razón de ser. La transpiración es el mecanismo natural que tiene el organismo para regular la temperatura corporal, ya que su evaporación desde la piel ayuda al cuerpo a mantenerse fresco.

Las personas sudamos más cuando estamos expuestas a altas temperaturas, al ejercitarnos, o en respuesta a situaciones que nos provoquen emociones como nervios, enojo, vergüenza y miedo, lo cual es totalmente normal y no debe ser motivo de preocupación.

Sin embargo, hay quienes presentan transpiración excesiva, a tal punto de mojar por completo la ropa o gotear por las manos, sin necesidad de estar expuestos a ninguno de los causantes citados anteriormente. A esta condición se le conoce como hiperhidrosis.

En algunas ocasiones la hiperhidrosis se presenta como síntoma de afecciones como la diabetes, nivel bajo de azúcar, la menopausia, trastornos del sistema nervioso o incluso padecimientos psicológicos como la ansiedad. Pero, tranquilo. Si padeces de sudoración excesiva no necesariamente quiere decir que tengas alguna de estas condiciones como base, pues a este tipo de hiperhidrosis se le conoce como secundaria y es la menos usual.

El tipo más frecuente es la hiperhidrosis focal primaria, la cual se produce porque los nervios que se encargan de mandar señales a las glándulas sudoríparas se vuelven hiperactivos (de ahí su nombre), a pesar de que no estés en un ambiente caluroso ni realizando ninguna actividad física de esfuerzo mayor. Para esta no existe una causa médica y, casi siempre, se debe a un componente hereditario.

Por lo general, esta condición empeora al sumarse factores provocadas por la misma, como el estrés, los nervios y la vergüenza, pues tener las manos húmedas y la ropa empapada de sudor todo el tiempo llega a alterar el estado emocional de quien la padece.

Si tienes hiperhidrosis, lo recomendable es que acudas a un médico especialista para que diagnostique la causante en tu caso particular. Para tratarla hay muchísimos tratamientos que van desde antitranspirantes clínicos y cremas recetadas hasta medicamentos e inyecciones.

Sin embargo, también hay remedios a base de ingredientes naturales que puedes preparar en casa y con los que puedes obtener resultados positivos. Aquí algunos.

1.Vinagre de manzana para las manos

Gracias a sus propiedades antibacteriales y las grandes cantidades de ácido tánico que posee, el vinagre es capaz de matar ciertas bacterias, además de facilitar la contracción de los poros de la piel, logrando así disminuir la secreción excesiva de fluidos.

Para usarlo contra la sudoración de las manos, disuelve cantidades iguales de agua y vinagre de manzana, y luego rocía el líquido sobre tus palmas entre dos y tres veces al día. En las axilas, en lugar de aplicar desodorante después de bañarte, intenta ponerte una pequeña cantidad de este vinagre.

2.Sábila y bicarbonato

La salvia es una planta rica en vitamina B y magnesio, por lo que ayuda a calmar las glándulas sudoríparas. Si la mezclas con bicarbonato, puedes evitar la aparición de las bacterias que causan malos olores, producto del sudor excesivo.

Para obtener los beneficios de esta mezcla, haz una pasta a base de dos cucharadas de sábila y una cucharadita de bicarbonato, y después frota sobre las zonas afectadas.

3.Avena y limón

Así como es importante exfoliar ciertas zonas del cuerpo para deshacernos de la piel muerta, también debemos incluir las axilas. Esto porque, en ocasiones, el sudor en exceso se da como resultado de tener los poros tapados.

La avena y el limón pueden ser ideales para esta tarea. Solo tienes que preparar una mezcla con ambos ingredientes y aplicarla dos veces por semana.