Los campos de entrenamientos en Arizona y Florida debieron abrir el pasado lunes para lanzadores y receptores, pero el paro laboral llega ya a los 69 días y las noticias no son muy halagüeñas de que se vaya a jugar béisbol pronto.

Mientras más de un millar de peloteros se entrenan en otros lugares a espera de una solución las ciudades que acogen los entrenamientos pierden un dineral.

De acuerdo a un informe elaborado en 2018 por la Universidad del Estado de Arizona y la Fundación Deportiva de Florida el impacto económico combinado de los entrenamientos alcanzaba los US$1,300 millones. La Liga del Cactus llegaba a US$687 MM y la Toronja US$644 MM.

En 2018, los partidos de primavera en  Arizona apoyaron 6,439 empleos, de los cuales 3,617 fueron directos, como proveedores de primer nivel y personal operativo. Un número más pequeño provino de trabajos indirectos que incluyen aquellos necesarios para cumplir con pedidos cada vez mayores de proveedores. Un número aún menor eran trabajos directamente asociados con los estadios de béisbol y la MLB.

La Liga de la Toronja, por otro lado, apoyó 7,152 puestos de trabajo, 6,084 de los cuales fueron el resultado de los gastos de los asistentes de fuera del estado. El resto fue apoyado por fanáticos de Florida, equipos de la MLB y estadios.

Los empleos respaldados por los entrenamientos de primavera de Florida de 2018 produjeron alrededor de US$253,8 millones en salarios devengados. La gran mayoría (214,31 millones de dólares) provino de los gastos de los fanáticos. En Arizona, los trabajos de ese año se combinaron por US$224.6 millones en salarios.

En 2018, el asistente promedio a los entrenamientos de primavera tenía 52 años y un ingreso familiar promedio de US$93,500. Ese mismo año en Arizona, el 48% de los asistentes procedían de hogares de seis cifras. Más del 15 % tenía ingresos familiares entre US$150,000 y $249,999.