La moda y el COVID-19 han representado un gran reto social en un momento de la historia «extraño». Una industria muy abatida por la pandemia y en la mira del mundo a raíz de los resultados de investigaciones que la colocaron como una de las áreas más agresivas para el medio ambiente, por los desechos, la cantidad de agua y todo lo que se requiere para hacer una ropa o accesorio.

Pero la verdad debe ser dicha. La moda ha sabido dar respuestas positivas a las tantas exigencias paralelas que se le han presentado, este vestido de novia es solo una muestra de una industria reinterpretada y con visión ambiciosa.

Es vestido es un llamado a darle un uso sostenible a este accesorio obligatorio en gran parte del mundo.
Es vestido es un llamado a darle un uso sostenible a este accesorio obligatorio en gran parte del mundo. ( )

La modelo Jemima Hambro lució por las antiguas calles de Milán un llamativo modelo de vestido de novia del diseñador de moda Tom Silverwood; quien hizo uso de 1500 mascarillas recicladas para crearlo, gracias a un encargo que hecho por la empresa organizadora de bodas, Hitched.

Sin pedirlo, tampoco sin imaginarlo; la mascarillas se convirtieron, de manera repentina, en un accesorio obligatorio de la moda y el boleto de acceso a cualquier actividad, incluyendo las bodas – otra industria tan afectada como la moda- por lo que este traje representa a la sociedad reinterpretada y con esperanza de dar seguimiento a la vida y todo lo que ella implica.